[YeHyun, KangMin] ENTRE EL AMOR Y EL ODIO...
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[YeHyun, KangMin] ENTRE EL AMOR Y EL ODIO...
El día comenzó con el timbre del teléfono. Aunque este se encontraba fuera de su cuarto, no pudo evitar
escucharlo. Y no tenía nada de ganas de levantarse, pero su madre toco a su puerta varias veces, obligándolo a dejar de rodar por la cama y atender.
- Ya voy! – dijo buscando sus pantuflas
- Apúrate Yeye – le grito su madre desde afuera de la habitación – otro día que llegues tarde y vas a tener problemas.
Él lo sabía bien. A pesar de su privilegiada voz, la escuela no lo soportaría mucho tiempo más si seguía teniendo retrasos. Así que con toda su fuerza de voluntad tomo una toalla de baño y se dispuso a tomar una ducha de agua fría para ver si así lograba despertarse del todo. Como todas las mañanas, el camino al baño se le hizo
eterno, arrastraba los pies y choco con la puerta por llevar los ojos medio cerrados.
Por unos segundos escucho una risa que no era posible que estuviera allí. Hacía mucho tiempo que se había
ido. Se llevo una mano a la cara, frotándose los ojos y abrió la puerta del baño.
Era pura melancolía lo que lo hacía recordar aquella risa.
- Que ridículo soy – se dijo a si mismo, abriendo la regadera y probando la temperatura del agua
Se desnudo, y entro al agua. Dejo que el agua de llevara los restos de la noche, y así, limpio, despierto y aun
sin ganas de ir al instituto, salió del baño y se miro en el espejo, pensó que tal vez era hora de cortarse el cabello. Ya le tapaba los ojos un buen tanto. Y sería mejor hacerlo antes de que su madre se lo volviera a decir.
En su habitación termino de vestirse, no entendía como estando en un instituto tan prestigiado, lo hacían
llevar uniforme, pues después de los niveles básicos, el opinaba que hacerlos ir vestidos todos iguales era una forma de asesinar su individualismo.
Su madre lo esperaba en el comedor con su desayuno listo. Y ella le dedico una de esas sonrisas tan bellas que toda madre le regala a la luz de sus ojos. La mujer lo cuidaba mucho, pues desde que sus padres se habían divorciado y el hombre se había llevado a su hermano menor, Yesung era todo lo que ella tenía. Y él quería que estuviera orgullosa de su hijo. Así que aunque no soportaba ir a ese agujero, iba.
- Má – dijo terminando de desayunar – hoy probablemente llegue tarde
- Bien, pero no tomes mucho, por favor – dijo la mujer pasándole el plato de comida
- No, claro que no
Su madre sabia que cuando decía eso, era que saldría a tomar con sus compañeros. Así que después de avisar,
terminar su desayuno, lavarse los dientes, salió con las ganas por el suelo con dirección al instituto. Tomo su bicicleta y bajo las tres calles antes de la gran avenida, el viento le alborotaba el cabello y reafirmo el tener que
cortarlo.
El trayecto no era largo, gracias a Dios, siguió avanzando y no tardo ni 15 minutos en llegar. Esquivo algunos autos y finalmente llego al lugar donde dejaba su bicicleta todas las mañanas. Estaba poniéndole el seguro cuando escucho una voz familiar.
- Buenos días, voz de aguardiente – le dijo un sonriente RyeoWook, quien compartía sus clases – apúrate, ya vamos!
- Ya voy, ya voy! - Dijo Yesung corriendo tras su compañero.
La escuela era bastante grande, y la gente que allí asistía y daba clases era de lo mas snob. Cosa que a Yesung
le irritaba, pero lo que más le irritaba era…
- ¡buenos días solecito! – se escucho una voz desde la entrada de la escuela
Como si de una película de terror se tratara, Yesung y RyeoWook voltearon al mismo tiempo, viendo en la entrada
al ser más irritante que conocían: SungMin. El fabuloso y popular. Yesung lo conocía desde que eran pequeños, y nunca le había agradado mucho. Era demasiado… amable…
Pero de alguna forma, ese chico que era tan diferente a el mismo, siempre buscaba estar cerca de el, y como que
no captaba las actitudes de los dos chicos.
- Yeye, ¿has alcanzado ya la nota en la que trabajamos ayer? – le pregunto al llegar junto a ellos yo sí, ¿quieres escucharla?
Sin esperar una afirmación, el muchacho se afino la garganta y empezó a cantar, haciéndoles gestos con la mirada a los chicos, buscando su aprobación. Los demás estudiantes que pasaban junto a ellos sonreían ante la interpretación de Min. Y el chico lo disfrutaba. Pero yesung no estaba acostumbrado a esa atención, asi que jalo a Wook de la mano y los dos se escabulleron, dejando al chico rosa rodeado de mirones.
- Es un presumido – dijo RyeoWook cuando llegaron a la puerta de la entrada.
- Ya, no quiero hablar de él, vámonos que se hace tarde – Yesung le hizo señas a su compañero para que lo siguiera.
Caminaron por las escaleras, los alumnos que estaban en los pasillos los miraban al pasar, pues Wookie era dulce y amistoso, pero Yesung no, aunque no era oscuro ni nada así, era serio, y solo hablaba cuando alguien le dirigía la palabra.
- Kim Joog Woon! – un maestro lo detuvo antes de entrar a su salón – necesito que hoy te quedes después de tu última clase, hay algo importante que quiero hablar contigo
- Si profesor
Kangin abrió los ojos cuando su
guardia golpeo los barrotes, gruño tratando de hacer que no había escuchado
nada. Pero el guardia volvió a golpear nuevamente.
- Fortachón! – le dijo el hombre con voz amable – ya es hora
- Haaaaaaaaaaaaaa… - grito el chico sentándose rápidamente en el camastro - ¿es hoy?
- ¿ya lo olvidaste?, en serio, ni que hubiera muchas cosas en que distraerse aquí dentro
- Bien, me voy así – le dijo refiriéndose a su ropa del reformatorio – voy de gala
- Tonto!, apúrate
El hombre llevaba cuidando de que Kangin no se metiera en problemas durante todo el tiempo que llevaba allí, y
había aprendido a tomarle cariño, pues aunque era un poco violento, era gracioso y hasta amable. El chico salió después de ponerse los zapatos, y lo saludo de mano. Con paso lento, como estaba estipulado en las normas del
reformatorio.
- Ya te vas? – le dijo uno de los chicos que estaban en las celdas
- Tal parece que quien sabe – una sonrisa de emoción se asomo por la boca de Kangin
La bulla no se hizo esperar, los demás “reclutas” como se hacían llamar, aplaudieron al muchacho, brindándole ánimos en su audiencia de libertad condicional.
Al llegar al salón de la audiencia, el guardia lo detuvo, antes de abrir la puerta.
- Acuérdate – le dijo con una sonrisa – no todo se resuelve a patadas
El guardia abrió la puerta y Kangin entro en el lugar.
Había una mesa larga, y en ella, 6 personas. 3 mujeres, y 3 hombres. Tenían papeles y apenas alzaron la vista
cuando el muchacho entro y se sentó en la silla que estaba dispuesta para él, frente a la mesa.
- Kim Young Woon – dijo una de las mujeres – esta es tu primera audiencia, por lo que tengo entendido.
- Si señora, y espero que sea la única – Kangin estaba tratando de lograr que el ambiente no fuera tan tenso
- Estas aquí por recomendación del guardia que te vigila, y del director del reformatorio, parece que no has hecho mas que trabajar desde que llegaste aquí.
- Me gusta
Afuera, el guardia daba vueltas, se tronaba los dedos, y trataba de escuchar lo que pasaba detrás de la puerta. Se fue, regreso y aun no salían. 3 horas estuvo Kangin dentro.
Se escucharon voces mas fuertes, y el hombre pensó por un momento que tendría que sacar al chico arrastrando. Pero salió por el mismo, abriendo la puerta con una gran sonrisa.
- ¿y bien? – pregunto el guardia - ¿Qué paso?
- Me voy en unos días! – le dijo estrechándole la
mano con tal fuerza que parecía que se la arrancaría – me voy me v—o-yyyyy
Y salió corriendo por el pasillo, con los brazos estirados, contento de la vida.
- Y que vas a hacer?, cuando estés fuera, ¿vas a ir a tu casa? – le pregunto uno de los “reclutas”
- Sí, pero primero voy a ver a Yeye…
escucharlo. Y no tenía nada de ganas de levantarse, pero su madre toco a su puerta varias veces, obligándolo a dejar de rodar por la cama y atender.
- Ya voy! – dijo buscando sus pantuflas
- Apúrate Yeye – le grito su madre desde afuera de la habitación – otro día que llegues tarde y vas a tener problemas.
Él lo sabía bien. A pesar de su privilegiada voz, la escuela no lo soportaría mucho tiempo más si seguía teniendo retrasos. Así que con toda su fuerza de voluntad tomo una toalla de baño y se dispuso a tomar una ducha de agua fría para ver si así lograba despertarse del todo. Como todas las mañanas, el camino al baño se le hizo
eterno, arrastraba los pies y choco con la puerta por llevar los ojos medio cerrados.
Por unos segundos escucho una risa que no era posible que estuviera allí. Hacía mucho tiempo que se había
ido. Se llevo una mano a la cara, frotándose los ojos y abrió la puerta del baño.
Era pura melancolía lo que lo hacía recordar aquella risa.
- Que ridículo soy – se dijo a si mismo, abriendo la regadera y probando la temperatura del agua
Se desnudo, y entro al agua. Dejo que el agua de llevara los restos de la noche, y así, limpio, despierto y aun
sin ganas de ir al instituto, salió del baño y se miro en el espejo, pensó que tal vez era hora de cortarse el cabello. Ya le tapaba los ojos un buen tanto. Y sería mejor hacerlo antes de que su madre se lo volviera a decir.
En su habitación termino de vestirse, no entendía como estando en un instituto tan prestigiado, lo hacían
llevar uniforme, pues después de los niveles básicos, el opinaba que hacerlos ir vestidos todos iguales era una forma de asesinar su individualismo.
Su madre lo esperaba en el comedor con su desayuno listo. Y ella le dedico una de esas sonrisas tan bellas que toda madre le regala a la luz de sus ojos. La mujer lo cuidaba mucho, pues desde que sus padres se habían divorciado y el hombre se había llevado a su hermano menor, Yesung era todo lo que ella tenía. Y él quería que estuviera orgullosa de su hijo. Así que aunque no soportaba ir a ese agujero, iba.
- Má – dijo terminando de desayunar – hoy probablemente llegue tarde
- Bien, pero no tomes mucho, por favor – dijo la mujer pasándole el plato de comida
- No, claro que no
Su madre sabia que cuando decía eso, era que saldría a tomar con sus compañeros. Así que después de avisar,
terminar su desayuno, lavarse los dientes, salió con las ganas por el suelo con dirección al instituto. Tomo su bicicleta y bajo las tres calles antes de la gran avenida, el viento le alborotaba el cabello y reafirmo el tener que
cortarlo.
El trayecto no era largo, gracias a Dios, siguió avanzando y no tardo ni 15 minutos en llegar. Esquivo algunos autos y finalmente llego al lugar donde dejaba su bicicleta todas las mañanas. Estaba poniéndole el seguro cuando escucho una voz familiar.
- Buenos días, voz de aguardiente – le dijo un sonriente RyeoWook, quien compartía sus clases – apúrate, ya vamos!
- Ya voy, ya voy! - Dijo Yesung corriendo tras su compañero.
La escuela era bastante grande, y la gente que allí asistía y daba clases era de lo mas snob. Cosa que a Yesung
le irritaba, pero lo que más le irritaba era…
- ¡buenos días solecito! – se escucho una voz desde la entrada de la escuela
Como si de una película de terror se tratara, Yesung y RyeoWook voltearon al mismo tiempo, viendo en la entrada
al ser más irritante que conocían: SungMin. El fabuloso y popular. Yesung lo conocía desde que eran pequeños, y nunca le había agradado mucho. Era demasiado… amable…
Pero de alguna forma, ese chico que era tan diferente a el mismo, siempre buscaba estar cerca de el, y como que
no captaba las actitudes de los dos chicos.
- Yeye, ¿has alcanzado ya la nota en la que trabajamos ayer? – le pregunto al llegar junto a ellos yo sí, ¿quieres escucharla?
Sin esperar una afirmación, el muchacho se afino la garganta y empezó a cantar, haciéndoles gestos con la mirada a los chicos, buscando su aprobación. Los demás estudiantes que pasaban junto a ellos sonreían ante la interpretación de Min. Y el chico lo disfrutaba. Pero yesung no estaba acostumbrado a esa atención, asi que jalo a Wook de la mano y los dos se escabulleron, dejando al chico rosa rodeado de mirones.
- Es un presumido – dijo RyeoWook cuando llegaron a la puerta de la entrada.
- Ya, no quiero hablar de él, vámonos que se hace tarde – Yesung le hizo señas a su compañero para que lo siguiera.
Caminaron por las escaleras, los alumnos que estaban en los pasillos los miraban al pasar, pues Wookie era dulce y amistoso, pero Yesung no, aunque no era oscuro ni nada así, era serio, y solo hablaba cuando alguien le dirigía la palabra.
- Kim Joog Woon! – un maestro lo detuvo antes de entrar a su salón – necesito que hoy te quedes después de tu última clase, hay algo importante que quiero hablar contigo
- Si profesor
Kangin abrió los ojos cuando su
guardia golpeo los barrotes, gruño tratando de hacer que no había escuchado
nada. Pero el guardia volvió a golpear nuevamente.
- Fortachón! – le dijo el hombre con voz amable – ya es hora
- Haaaaaaaaaaaaaa… - grito el chico sentándose rápidamente en el camastro - ¿es hoy?
- ¿ya lo olvidaste?, en serio, ni que hubiera muchas cosas en que distraerse aquí dentro
- Bien, me voy así – le dijo refiriéndose a su ropa del reformatorio – voy de gala
- Tonto!, apúrate
El hombre llevaba cuidando de que Kangin no se metiera en problemas durante todo el tiempo que llevaba allí, y
había aprendido a tomarle cariño, pues aunque era un poco violento, era gracioso y hasta amable. El chico salió después de ponerse los zapatos, y lo saludo de mano. Con paso lento, como estaba estipulado en las normas del
reformatorio.
- Ya te vas? – le dijo uno de los chicos que estaban en las celdas
- Tal parece que quien sabe – una sonrisa de emoción se asomo por la boca de Kangin
La bulla no se hizo esperar, los demás “reclutas” como se hacían llamar, aplaudieron al muchacho, brindándole ánimos en su audiencia de libertad condicional.
Al llegar al salón de la audiencia, el guardia lo detuvo, antes de abrir la puerta.
- Acuérdate – le dijo con una sonrisa – no todo se resuelve a patadas
El guardia abrió la puerta y Kangin entro en el lugar.
Había una mesa larga, y en ella, 6 personas. 3 mujeres, y 3 hombres. Tenían papeles y apenas alzaron la vista
cuando el muchacho entro y se sentó en la silla que estaba dispuesta para él, frente a la mesa.
- Kim Young Woon – dijo una de las mujeres – esta es tu primera audiencia, por lo que tengo entendido.
- Si señora, y espero que sea la única – Kangin estaba tratando de lograr que el ambiente no fuera tan tenso
- Estas aquí por recomendación del guardia que te vigila, y del director del reformatorio, parece que no has hecho mas que trabajar desde que llegaste aquí.
- Me gusta
Afuera, el guardia daba vueltas, se tronaba los dedos, y trataba de escuchar lo que pasaba detrás de la puerta. Se fue, regreso y aun no salían. 3 horas estuvo Kangin dentro.
Se escucharon voces mas fuertes, y el hombre pensó por un momento que tendría que sacar al chico arrastrando. Pero salió por el mismo, abriendo la puerta con una gran sonrisa.
- ¿y bien? – pregunto el guardia - ¿Qué paso?
- Me voy en unos días! – le dijo estrechándole la
mano con tal fuerza que parecía que se la arrancaría – me voy me v—o-yyyyy
Y salió corriendo por el pasillo, con los brazos estirados, contento de la vida.
- Y que vas a hacer?, cuando estés fuera, ¿vas a ir a tu casa? – le pregunto uno de los “reclutas”
- Sí, pero primero voy a ver a Yeye…
[Yehyun, Kangmin] ENTRE EL AMOR Y EL ODIO
Todo comenzó en una escuela de preescolar coreana, donde 6 niños eran grandes amigos,Kangin, Hangeng, Yesung, Sungmin, Ryeowook y Kyuhyun pasaron su infancia juntos, Hannie y Kyu se fueron a China becados a estudiar de intercambio en China, mientras los demás se quedaron juntos en Seúl estudiando en la misma secundaria y el instituto.
Sus caminos se separaron al menos por un año, tiempo en que les tomó hacer pruebas de admisión en distintas universidades, siendo una ironía que Sunnie, Wookie y Minnie, colaron en el observatorio de Música y Canto...quedando becados, por sus excelentes notas.
Kangin se despegó de sus amigos de la infancia, a medio curso de secundaria, al reunirse con una banda de chicos de mala influencia para él, error que pagó caro, puesto que por andar en vandalismo, fue a parar a la cárcel durante un largo tiempo.
A los hermanos Cho, les fue de maravilla, puesto en el instituto fueron becados en el instituto por sus excelentes notas, además de obtener una beca deportiva por sus talentos innatos. Sin embargo la carrera que ambos estudiarían se encontraba en Seúl, que por cierto les serviría de pretexto para reunirse de nuevo con sus amigos de infancia. Sin obstáculo alguno, realizaron los trámites de transferencia a Corea,llegando a su querida ciudad, la de los mejores tiempos, en un fin de semana de verano, donde el calor amenazaba con insolación a los que anduvieran de paseantes, por las altas temperaturas registradas en ese año.
Cuando arribaron al aeropuerto, tomaron su respectivo equipaje, luego llegaron a donde reservaron cierto departamento por Internet, cortesía del magnae, mientras que Hangeng preparaba las habitaciones para Internet un rato; Kyuhyun se dispuso a hacer la comida, con las pocas provisiones que encontró en la alacena. Al cabo de una media hora, la terminó, dejó la comida reposar, y fue a ver a su hermano para avisarle de que era hora de comer.
-Hyung, la comida está servida, vente o se enfriará...-le ordenó.
-Enseguida voy, deja termino esto...-respondió mientras terminaba de limpiar una ordenada habitación, la que le tocó a él.
Kyu aprovechó para dejar su maleta en su habitación, ordenó rápidamente sus cosas en el armario, cuando notó que su hermano le jalaba de la cintura hacia la cocina.
-Tengo hambre, la comida se enfría..- dijo mientras servía los platos para ambos, se sentaron a comer,a ratos se hacían bromas pesadas, como ya era su costumbre.
-Kyu mañana iremos la universidad a realizar los trámites que nos faltan para estar completamente inscritos, vale...-le recordó al menor, quien comía tranquilamente.
-Si, aunque tengo ganas de ver a nuestros amigos, sólo espero que sigan viviendo en la misma casa, ya ves que nos fuimos y perdimos contacto con ellos, sería grandioso reunirnos de nuevo...no importa que nos toque en un aula diferente, con que estemos todos será genial...comentó emocionado el magnae.
-Si tienes mucha razón sería genial, por ahora sólo nos queda dormir y esperar que sea mañana...-finalizó el mayor.
Los chicos terminaron de limpiar la cocina, para dejarse llevar por Morfeo al mundo de los sueños, descansando del viaje que tuvieron.
sabes ke los horrores ortograficos van por mi cuenta....
Re: [YeHyun, KangMin] ENTRE EL AMOR Y EL ODIO...
Yesung tenía tantas ganas de saltarse las clases que no puso atención a nada ese dia. En su clase más importante, no había alcanzado las notas requeridas y por eso el profesor le había sacado del aula.
- No importa que tan talentoso seas, si no te esfuerzas, nunca llegaras a nada – le había dicho el hombre.
RyeoWook siempre le apoyaba. Pero en esa ocasión lo miro sonriente y no dijo nada. Yesung había salido en medio de las miradas de todos los compañeros, y para acabar de fregar el asunto, SungMin estaba allí. Se había mostrado preocupado ante la falta de atención de su hyung. Cuando Yesung caminaba solitario por el pasillo, escucho pasos detrás de el.
- Yesung hyung – escucho la voz del chico rosa - ¿Qué es lo que pasa contigo?
- Nada… estoy cansado, eso es todo – le respondió con la típica indiferencia en el.
- Pues deberías descansar mejor – le dijo el chico, entregándole un dulce – tu rendimiento está bajando mucho y los profesores comienzan a desesperarse contigo.
- Va, que ya me recuperare – le contesto Yeye.
Quería huir, así que se despidió lo mas cordialmente que pudo y salió casi corriendo un dirección contraria a Min.
La escuela era ridículamente enorme, pues que esperar de tan prestigiosa escuela de música. Y casi siempre
terminaba perdiéndose y descubriendo lugares en los que nunca había estado. Ese día no fue la excepción. Divago por varios pasillos, esperando que terminase la hora de la clase y poder reunirse con su amigo Wook. Cuando dio vuelta para salir al jardín, por un momento creyó ver a ese sujeto, aunque era imposible, pues había visto a un niño, y seguramente el chico ya sería más que un adolescente.
Se sacudió la cabeza, no tenía idea de por qué, pero en las últimas semanas lo recordaba más seguido. Y aunque
deseaba negarlo, la presencia de SungMin le recordaba incluso más el pasado.
Llego a un lugar donde no daba mucho el sol y se tiro a perder el tiempo.
Kangin tenía que sacudirse el apestoso aroma a encierro. Había avisado a sus padres que saldría de la cárcel,
pero no les había dicho cuando, deseaba estar solo, recordar, y sobre todo, encontrar a su mejor amigo, Yesung.
Wookie despertó a Yesung, aventándole bolitas de papel babeadas, y cuando el mayor se sentó, el pequeño se agacho frente a él.
- Te pegaría, pero temo mucho que hasta lo disfrutes – le dijo RyeoWook aventándole con los dedos un último pedazo de papel.
- Tengo hambre… ¿nos volamos las clases? – le pregunto Yesung regresándole una de las bolitas babeadas.
Los dos chicos se levantaron y emprendieron la huida. Escondiéndose cuando algún profesor pasaba cerca de ellos y sobornando al hombre de la puerta con una gran cantidad de los dulces que Wookie le había sacado a SungMin de su mochila.
Yesung se monto en su bicicleta, llevando a Wook sentado detrás de el.
- ¿vamos a los juegos? – le pregunto Ryeo
- Haaaa… bien, vamos
Kangin daba vueltas por las calles que había recorrido cuando era pequeño, junto con sus inseparables amigos. Y le entro una notable sensación de nostalgia. ¿Donde estarían esos chicos? ¿Qué sería de sus vidas? Cuando lo encerraron le había dicho a su madre que no quería que ellos lo visitaran, pues ya bastante se le hacía con soportar la mirada en su cara, como para encima tener que aguantar la de esos 5 mocosos…
RyeoWook y Yesung llegaron a los videos juegos. Parecía como si de repente tuvieran 7 u 8 años nuevamente. Pero tal parecía que todo lo que hacía le recordaba a Kyu…
FLASH BACK________________
Yesung miraba atento al pequeño, delgado y pálido niño que jugaba como profesional ese juego de las navecitas.
Llevaba más de 20 minutos en el, cuando Yesung perdía a los 5 minutos, máximo. No podía quitarle los ojos de encima. El rostro extrañamente sereno del niño contrastaba demasiado con la sorprendente velocidad con la que movía sus dedos en los botones.
- Quieres conocerlo? – le había preguntado Kangin, que siempre iba con el, para “protegerlo”
- No, es un niño… - le había contestado Yeye, pero la verdad era que si ansiaba conocerlo
Otro niño, de facciones delicadas y movimientos suaves se había acercado al niño pálido, sorprendiéndolo y
logrando hacer que perdiera en el juego. Los dos niños reían cuando Kangin se les había acercado. Después de unos minutos, los tres niños caminaron hacia Yesung, que los veía acercarse con los ojos cada vez más abiertos.
- Yeye, este es SungMin – le dijo señalando al chico risueño y delicado – y este es Kyu – y señalo al paliducho niño que esbozo una tímida sonrisa.
- Hola
- Hola!
- Ho..hola…si, hola…
Los 4 niños jugaron juntos el resto del día, hasta que tuvieron que separarse.
FIN FLASH BACK________________________________________________
-
Oye, oye! – la voz de Wook lo saco de sus cavilaciones…
- Perdón, muévete para allá – le dijo indicándole algo en la pantalla de juego
Pasaron casi todo el resto de la mañana y parte de la tarde jugando allí, hasta que Ryeowook dijo que ya debía
irse.
- ¿Entonces ya no vamos a ir al club? – pregunto Yesung
- No creo, mejor lo dejamos para cuando salga Kangin, no crees? – pregunto Wookie, al tiempo que tomaba sus cosas – bien, me voy, te veo mañana.
Yesung no tenía nada de ganas de regresar a su casa hasta más tarde, así que se quedo jugando.
Kangin se detuvo en una esquina para cruzar la calle. No se dio cuenta del momento en que RyeoWook salía del
local de videojuegos.
Cuando Yesung pensó que ya era hora de regresar, y es que la verdad se estaba gastando mucho dinero en los
juegos, se agacho para tomar sus cosas. Tropezó con una de sus agujetas desamarradas y perdió el equilibrio hacia adelante, golpeo a otra persona y cayó sobre su trasero.
- Perdona! – le dijo el otro chico – te lastimaste?
- No, fue mi culpa… - Yesung se levanto sin mirar al joven y tomo sus cosas.
Bastante apenado, se volvió a disculpar sin levantar la mirada y se dirigió a la puerta. Sin embargo, algo le hizo caminar más lento, y antes de cruzar la puerta, volteo a ver al chico.
Sus miradas se encontraron, estaba igual de pálido, pero ahora era incluso más alto que el, aunque solo por
unos pequeños centímetros. La misma cara seria, aunque mayor, era la misma cara que no podía dejar de mirar.
- KyuHyun? – pregunto casi sin poder creerlo.
El chico sonrió y se acerco a él rápidamente, lo envolvió en sus brazos y lo estrecho fuertemente.
- Yeye!!!!
- No importa que tan talentoso seas, si no te esfuerzas, nunca llegaras a nada – le había dicho el hombre.
RyeoWook siempre le apoyaba. Pero en esa ocasión lo miro sonriente y no dijo nada. Yesung había salido en medio de las miradas de todos los compañeros, y para acabar de fregar el asunto, SungMin estaba allí. Se había mostrado preocupado ante la falta de atención de su hyung. Cuando Yesung caminaba solitario por el pasillo, escucho pasos detrás de el.
- Yesung hyung – escucho la voz del chico rosa - ¿Qué es lo que pasa contigo?
- Nada… estoy cansado, eso es todo – le respondió con la típica indiferencia en el.
- Pues deberías descansar mejor – le dijo el chico, entregándole un dulce – tu rendimiento está bajando mucho y los profesores comienzan a desesperarse contigo.
- Va, que ya me recuperare – le contesto Yeye.
Quería huir, así que se despidió lo mas cordialmente que pudo y salió casi corriendo un dirección contraria a Min.
La escuela era ridículamente enorme, pues que esperar de tan prestigiosa escuela de música. Y casi siempre
terminaba perdiéndose y descubriendo lugares en los que nunca había estado. Ese día no fue la excepción. Divago por varios pasillos, esperando que terminase la hora de la clase y poder reunirse con su amigo Wook. Cuando dio vuelta para salir al jardín, por un momento creyó ver a ese sujeto, aunque era imposible, pues había visto a un niño, y seguramente el chico ya sería más que un adolescente.
Se sacudió la cabeza, no tenía idea de por qué, pero en las últimas semanas lo recordaba más seguido. Y aunque
deseaba negarlo, la presencia de SungMin le recordaba incluso más el pasado.
Llego a un lugar donde no daba mucho el sol y se tiro a perder el tiempo.
Kangin tenía que sacudirse el apestoso aroma a encierro. Había avisado a sus padres que saldría de la cárcel,
pero no les había dicho cuando, deseaba estar solo, recordar, y sobre todo, encontrar a su mejor amigo, Yesung.
Wookie despertó a Yesung, aventándole bolitas de papel babeadas, y cuando el mayor se sentó, el pequeño se agacho frente a él.
- Te pegaría, pero temo mucho que hasta lo disfrutes – le dijo RyeoWook aventándole con los dedos un último pedazo de papel.
- Tengo hambre… ¿nos volamos las clases? – le pregunto Yesung regresándole una de las bolitas babeadas.
Los dos chicos se levantaron y emprendieron la huida. Escondiéndose cuando algún profesor pasaba cerca de ellos y sobornando al hombre de la puerta con una gran cantidad de los dulces que Wookie le había sacado a SungMin de su mochila.
Yesung se monto en su bicicleta, llevando a Wook sentado detrás de el.
- ¿vamos a los juegos? – le pregunto Ryeo
- Haaaa… bien, vamos
Kangin daba vueltas por las calles que había recorrido cuando era pequeño, junto con sus inseparables amigos. Y le entro una notable sensación de nostalgia. ¿Donde estarían esos chicos? ¿Qué sería de sus vidas? Cuando lo encerraron le había dicho a su madre que no quería que ellos lo visitaran, pues ya bastante se le hacía con soportar la mirada en su cara, como para encima tener que aguantar la de esos 5 mocosos…
RyeoWook y Yesung llegaron a los videos juegos. Parecía como si de repente tuvieran 7 u 8 años nuevamente. Pero tal parecía que todo lo que hacía le recordaba a Kyu…
FLASH BACK________________
Yesung miraba atento al pequeño, delgado y pálido niño que jugaba como profesional ese juego de las navecitas.
Llevaba más de 20 minutos en el, cuando Yesung perdía a los 5 minutos, máximo. No podía quitarle los ojos de encima. El rostro extrañamente sereno del niño contrastaba demasiado con la sorprendente velocidad con la que movía sus dedos en los botones.
- Quieres conocerlo? – le había preguntado Kangin, que siempre iba con el, para “protegerlo”
- No, es un niño… - le había contestado Yeye, pero la verdad era que si ansiaba conocerlo
Otro niño, de facciones delicadas y movimientos suaves se había acercado al niño pálido, sorprendiéndolo y
logrando hacer que perdiera en el juego. Los dos niños reían cuando Kangin se les había acercado. Después de unos minutos, los tres niños caminaron hacia Yesung, que los veía acercarse con los ojos cada vez más abiertos.
- Yeye, este es SungMin – le dijo señalando al chico risueño y delicado – y este es Kyu – y señalo al paliducho niño que esbozo una tímida sonrisa.
- Hola
- Hola!
- Ho..hola…si, hola…
Los 4 niños jugaron juntos el resto del día, hasta que tuvieron que separarse.
FIN FLASH BACK________________________________________________
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Oye, oye! – la voz de Wook lo saco de sus cavilaciones…
- Perdón, muévete para allá – le dijo indicándole algo en la pantalla de juego
Pasaron casi todo el resto de la mañana y parte de la tarde jugando allí, hasta que Ryeowook dijo que ya debía
irse.
- ¿Entonces ya no vamos a ir al club? – pregunto Yesung
- No creo, mejor lo dejamos para cuando salga Kangin, no crees? – pregunto Wookie, al tiempo que tomaba sus cosas – bien, me voy, te veo mañana.
Yesung no tenía nada de ganas de regresar a su casa hasta más tarde, así que se quedo jugando.
Kangin se detuvo en una esquina para cruzar la calle. No se dio cuenta del momento en que RyeoWook salía del
local de videojuegos.
Cuando Yesung pensó que ya era hora de regresar, y es que la verdad se estaba gastando mucho dinero en los
juegos, se agacho para tomar sus cosas. Tropezó con una de sus agujetas desamarradas y perdió el equilibrio hacia adelante, golpeo a otra persona y cayó sobre su trasero.
- Perdona! – le dijo el otro chico – te lastimaste?
- No, fue mi culpa… - Yesung se levanto sin mirar al joven y tomo sus cosas.
Bastante apenado, se volvió a disculpar sin levantar la mirada y se dirigió a la puerta. Sin embargo, algo le hizo caminar más lento, y antes de cruzar la puerta, volteo a ver al chico.
Sus miradas se encontraron, estaba igual de pálido, pero ahora era incluso más alto que el, aunque solo por
unos pequeños centímetros. La misma cara seria, aunque mayor, era la misma cara que no podía dejar de mirar.
- KyuHyun? – pregunto casi sin poder creerlo.
El chico sonrió y se acerco a él rápidamente, lo envolvió en sus brazos y lo estrecho fuertemente.
- Yeye!!!!
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